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Un suceso inesperado

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Hace algún tiempo que no publico ningún cuento. Dicen que las musas existen, pero para que te ayuden, conviene que te encuentren trabajando.  A veces es difícil que se den ambas circunstancias, pero hete aquí que el día menos esperado, los astros se confabulan y sucede el milagro. O no.

Dicen que los calores del verano alteran los ánimos y el número de sucesos luctuosos se incrementa. O no.

Dicen que casi nunca la realidad coincide con lo que vemos. Que la mayoría de nosotros tiene una parte oculta que no siempre se descubre. O no.

Dicen también que esa realidad, por esperpéntica que sea, supera la ficción. O no.

Tal vez sea julio, o los astros, o las difíciles realidades que a menudo observo. Pero de la mezcla de todo eso, salió el cuento que os dejo.


UN SUCESO INESPERADO

Y por fin había llegado el día de la boda. Apenas seis personas acompañaban a los contrayentes. Haschim los miraba incrédulo y nervioso. Su pie derecho no paraba de martillear el suelo acompasadamente, al tiempo que, con  todo el disimulo de que era capaz dadas las circunstancias, apretaba  con determinación la mandíbula en un vano afán de parar el castañeteo de sus dientes. Ya se lo advirtió el médico que le dio el alta en el hospital en el que ingresó  por las heridas recibidas al caer desde el  segundo piso de un edificio en construcción – Muchacho, no me explico cómo sigues vivo. Da gracias a  Dios por eso, pero tendrás que pagar un pequeño precio: a partir de ahora tu lado derecho irá por libre.  Y desde entonces, así tuvo que acostumbrarse a vivir. De tanto en cuanto, empezaban los tics sin control. Y eso inevitablemente sucedía cada vez que se sentía tenso.

Delgado, sosegado, conciliador y un poco soñador, llegó a la tierra prometida a bordo de una patera y cuando pisó suelo, empezó a descubrir que de “prometida” no tenía nada. Se encontró de bruces con un ambiente hostil, que no consiguió derrotarle en su afán de medrar en el país de los ricos. Entre trabajo y trabajo pasó muchos días de necesidad y los principios aprendidos de sus antepasados se quedaron en puras teorías. Ya le dijo su amigo Raschid, -Cuando el hambre aprieta, hay que buscarse la vida y en esta tierra todo es lícito- Nunca pasó del pequeño trapicheo, pero a base de reincidir, sus huesos acabaron en prisión. Aún así, no se desanimó. Imploró a Alá, su bienamado Dios y él le envió a Dora, su bienhechora, la trabajadora social que creyó en él, hasta el punto de animarle a estudiar una carrera. El idioma le resultó fácil de aprender. En menos de dos años se desenvolvía a la perfección. Pero estudiar derecho… ¡Ay, eso era otra cosa bien diferente! A base de esfuerzo y cariño acabó su licenciatura. Y se enamoraron y ella le mostró, en verdad un mundo mejor, limpio, lleno de oportunidades para el que supiera luchar y tuviera la valentía de enfrentarse a todo.

Sentado a su derecha se hallaba Raoul, el bonachón del grupo de amigos. Por mimetismo con el novio, no paraba de moverse en el banco. Para tan memorable ocasión, había optado  por presentarse con una camiseta que dejaba al descubierto la totalidad de los brazos y parte del torso, enseñando con poco pudor y mucho descaro los tatuajes que a lo largo de los años le habían  ido esculpiendo. Y ya llevaba veinticuatro, uno por cada una de las pérfidas mujeres que le habían roto el corazón. Por alguna extraña circunstancia, las figuras grabadas en sus antebrazos parecía que cobraban vida propia cuando se sentía tenso y cualquiera que le echara fantasía, habría podido contemplar en ese momento  algo así como una danza satánica.

Nadie en el centro penitenciario se habría fiado de su aspecto de matón barato, grande y desgarbado,  mucho menos de su talante, invariablemente  provocador. Pero en el fondo era un sentimental y las bodas siempre le hacían llorar. Era el testigo del novio. Los colegas le habían escogido por unanimidad , pues tenían la certeza de que habría roto los huesos a cualquiera que hubieran elegido en su lugar.

Faltaban cinco minutos para que la juez les casara. Trescientos  segundos se le hacían una eternidad a Haschim. De reojo miró a Bouba, de piel azabache, el primer amigo que tuvo al llegar a España. Hacía tiempo que no le veía, pero se había enterado de su boda y no  quería perderse ver cómo echaban el lazo a su compañero de las campañas de  la fresa. No era muy alto, pero su cuerpo fibroso, a costa de pasar hambre y trabajar de sol a sol, sus blanquísimos dientes y su traje con corbata prestado para la ocasión, le conferían un aspecto de dandy, a lo Sidney Poitier. Definitivamente Bouba y Raoul eran antagónicos entre sí, pero a ambos les unía el código ético respecto a las amistades que se hacen en el trullo.

Junto a la novia se sentaba Milena, de tez blanca y unos preciosos ojos azules, tan inmensos y enigmáticos como el mar que bañaba su Dubrovnik natal. Ajena a las locuras que provocaba su voluptuosa figura en la mente de Bouba, se abanicaba coquetamente, fantaseando con la idea de que algún día ella se casaría con un hombre que la amara de verdad. Su vida fue dura, mucho más de lo que habrían soportado la mayoría de mujeres. Como tantas otras, llegó engañada, con la promesa de un trabajo que la sacaría de la pobreza en la que vivía su familia. – Para una joven bonita, el mundo estaba a sus pies- Esa frase se la repetía mil veces cada día, se la aprendió de memoria al salir de su país, convencida de encontrar allende sus fronteras todo lo que su patria le negaba: cultura, oportunidades, riquezas … Durante tres años pasó de un prostíbulo a otro, como mera mercancía propiedad de unos compatriotas que no buscaban sino  su propio enriquecimiento. Hasta que conoció a Dora una tarde de verano, cuando hastiada de tanta vejación salió huyendo del local en el que la habían encerrado, en un descuido del guardián de turno. Caminó sin rumbo bajo el sol abrasador, medio deshidratada y muerta de miedo, hasta que llegó al pueblo más próximo, sin apenas hablar el idioma y con el terror reflejado en sus hermosos ojos. Fue en la comisaría donde le pusieron en contacto con esa amable mujer, su bienhechora. Y le debía un favor. En realidad se sentía deudora casi de su vida y por eso estaba allí, el día de su boda. Y es que Dora era así, un ángel para todos.

Carlota, hermana de la novia, también estaba nerviosa, aunque no lo exteriorizaba. No era la primera vez que asistía al enlace de su hermana, pero la  anterior fue tan convencional, tan sin sentido, que nunca consideró que tal boda tuviera validez. Además, su cuñado era apocado y misterioso, para nada el esposo que su querida Dora habría merecido. Fue un incómodo trámite en la vida de su hermana, que afortunadamente despareció hacía un año ya. Y Haschim era tan distinto… un verdadero hombre hecho a si mismo, fuerte por dentro y dulce por fuera.  Cierto que al principio tuvo sus reparos –nunca se fió  de que un preso  fuera conveniente para ella- pero todos se disiparon con el trato correcto que siempre le dispensaba a toda su familia. Y él había sabido luchar en la vida, había dejado atrás su etapa carcelaria para convertirse en un honrado ciudadano con un título que avalaba su tesón. Con cierta altanería recolocó el velo de su hermana, como advirtiéndole de que esa sería la última vez que ella le iba a acompañar.

Dora estaba tranquila. Morena, delgada, fría y  de trato exquisito, era la perfecta imagen del sosiego. Nada podía alterarla,  segura de que todo estaba bajo su control. Todos la adoraban, se sabía un don de Dios y actuaba en consecuencia. Bajo su aspecto de fragilidad ocultaba una capacidad de trabajo que pocos podían comprender. Era inasequible al desaliento en todo lo que se propusiera, tanto lo malo como lo bueno. Y ese era su momento, tantas noches acariciado a la par que temido.  Con infinita dulzura sonrió a su hermana, en el preciso instante en que la juez y el secretario hacían acto de presencia en la sala.

Su señoría se acercó a la mesa, otras veces utilizada en juicios,  y en menos de cinco minutos les leyó los artículos señalados en el Código Civil relativos a los derechos y deberes de los contrayentes. Con una profesional sonrisa les dio la enhorabuena a los novios, que se besaron en la presencia de todos apenas unos segundos después de haber acabado la ceremonia.

 Con la emoción del momento, ninguno de los asistentes se percató de la entrada de la policía, salvo  Raoul que gritó sorprendido -¡Coño, la pasma!-  La palabrota resonó en la sala como un estruendo y los concurrentes se quedaron petrificados sin saber qué decir. Dos agentes del grupo de homicidios se acercaron hasta Dora, la única que permanecía serena, como si esperase el desenlace final. Y procedieron a su detención. La acusaban de colaboración en el asesinato de su marido, hacía exactamente un año. Desposada y esposada, se detuvo un momento ante su hermana a la que dirigió un mirada fría y cómplice, sabedora de que tarde o temprano compartirían sus días en prisión.

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  1. Pues vale la pena ser paciente y esperar a que los astros se conjuguen. Realmente fantástica la historia, tanto el contenido como la forma en que lo relatas. Espero que podamos disfrutar más a menudo de tus cuentos… o no???

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    • Ya sabes que las musas no siempre son propicias y a menudo se esconden tras la opacidad del alma confusa. Intentar dominarlas es un reto difícil, pero no inalcanzable. ¿O si? Cada uno de vuestros comentarios son un aliciente para luchar contra los días grises. Un beso.

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  2. Otro gran relato sin duda, pese a ser distinto a los anteriores. Esa ducha de agua fría que te cae al final del relato te deja unos minutos sin palabras, intentando asimilarlo. Llegas a un momento en tu vida que todo va sobre ruedas… o no? Interesante moraleja. Coincido con Maica, siempre vale la pena la espera entre relato y relato.

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    • Las cosas, las situaciones e incluso las personas, no son siempre “blancas o negras”. Las tonalidades del alma van cambiando y los seres humanos también. El mejor, puede resultar el más vil enemigo. Es tan difícil definir la policromía de los sentimientos… Frecuentemente miramos a las personas a través de un calidoscopio y la imagen que percibimos está distorsionada, en función de la necesidad del momento. Tal vez no deberíamos hacerlo ¿O si?. Gracias por tus comentarios, Geles, siempre son un incentivo para mí.

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      • Gracias a tí por tu imaginación, tu creatividad y tus reflexiones en forma de relato. Son siempre muy bienvenidos.

  3. Muy buen cuento.Con un final inesperado.Unos personajes muy bien dibujados.

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    • Gracias por tu comentario, el primero (y espero que no sea el último). Como decía Quevedo, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. En este caso, triplemente bueno.

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  4. Miguel Ángel

    Me ha gustado mucho, para nada esperaba ese giro final. Los protagonistas fantásticos.

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    • Los protagonistas podrían ser cualquiera de las personas que a veces me toca conocer, con una vida difícil y compleja, pero con un código ético fuerte, sin claroscuros. No fue muy difícil perfilarlos. En cuanto al final… si, es inesperado, pero en eso precisamente estriba la gracia. Como lectora, me gusta que el escritor me mantenga en tensión hasta el final, por eso a veces elijo los giros inesperados.

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  5. Me ha gustado mucho, de verdad. Sobre los protagonistas, como ya han comentado, muy bien perfilados pero sin caer en los estereotipos de cada uno de ellos… y también te digo lo mismo, el final me ha cogido por sorpresa al tener ese giro inesperado a la par que triste al truncar la felicidad que se iba describiendo a lo largo del relato.
    Fantástico.

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    • Muchas gracias, Toni, por tu comentario. El final es inesperado … y triste, es cierto. Principalmente, lo que quería transmitir con este cuento es que a menudo nada es lo que parece. Excepto la novia, los demás personajes han tenido una vida muy dura (al menos en apariencia) y encuentran en Dora el ángel protector que a todos ayuda. Pero ese ángel vive una dualidad, la del protector y la del exterminador. Creo que todas las personas, de alguna manera también la vivimos, sin llegar al extremo de la protagonista, por supuesto.

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      • Muchas gracias a tí por compartir con los demás tu talento… y lo que comentas… ¡lo has clavado!

      • Si los hados siguen siéndome propicios, espero publicar un libro de cuentos. Aún no sé cuando, pero seguro que lo haré. Gracias nuevamente, Toni.

  6. Qué triste final para tan bonita y tierna historia. Pero como en la vida, no todo es lo que parece ni acaba como se espera. Un beso Carmen. Siempre es un palcer leerte.

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    • Como escritora sabes que la mayoría de las veces, la realidad supera la ficción. Frecuentemente ponemos todas las esperanzas en un proyecto, que no siempre acaba como esperamos. Pero de cada tropiezo hay que sacar fuerzas para continuar nuestro camino. Y no estamos solos; siempre (más cerca o más lejos) hay alguien que nos acompaña, aunque sea en la distancia. Ya sabes lo que dice Rosa Montero. Seguro que si lo pones en práctica conseguirás escribir tus mejores cuentos. Un beso.

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  7. Tía, bonito cuento. Pero sigo pensando que cada párrafo de tus cuentos pueden ser simples detalles en una buena historia. Lo que quiero decir: lánzate de una vez a escribir una historia larga, porque puedes hacerlo, sólo tienes que desarrollar y estructurar las historias que escribes en estos cuentos. Tírate a la piscina que cada cuento que tienes es una historia perfecta para sacarle más partido.
    Besos y nos vemos un dia de estos !!

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    • Gracias, querido Ale. Creo que voy a seguir tu consejo, aunque por ahora me resulta un tanto complejo. El primer libro que publique, te lo dedicaré a ti, por esa confianza que depositas en mi capacidad para escribir. Hablaremos largo y tendido sobre el tema. Y te espero impaciente. Prometo prepararte un plato especial a base de verduras. Un beso.

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  8. Un bonito cuento, es verdad. De los que te tocan la “fibra”, como todos los que haces. Y estoy de acuerdo con Ale de que te pongas ya mismo a escribir una novela, una historia larga. Ideas tienes; método tienes; la capacidad de expresar lo que tu mente ingenia, tienes; tiempo… más o menos y a ratos, algo tendrás. Pues lo dicho, a seguir escribiendo, y a larzarte a la piscina, como dicie nuestro sobrino Ale. Besos.

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  9. Gracias por tu comentario, Lourdes. Escribir una novela es algo muy complejo y que requiere mucho tiempo. No digo que en un futuro no sea algo factible, pero en estos momentos es sólo un sueño incipiente. Hay una frase que me gusta mucho y dice: “Los sueños pueden prever el futuro, porque nada llega por casualidad” Y en ello estoy. Un beso.

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  10. Me encanta, me encanta. Te acabo de descubrir y desde ahora te sigo.
    Un saludo.

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    • Muchas gracias Sara, yo soy seguidora de tu blog desde hace tiempo. Eres genial y tus tutoriales son magníficos. Me gusta la costura desde hace muchísmos años, incluso en una época de mi vida me dediqué a ello, pero la vida trae cosas nuevas y yo soy muy inquieta. Ya ves que mi blog nada tiene que ver con el tuyo y aunque me encanta escribir, reconozco que tengo un poco abandonados los cuentos y publico muchas más recetas. Acabo de colgar una ahora, muy facilita, para cocineros inexpertos, porque veo que tengo muchas entradas que buscan recetas sencillas. Un saludo.

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      • Hola Carmen
        Conoces el programa La Ventana (Cadena Ser) que dirige Carles
        Francino?
        Los jueves tienen una sección que se llama Relatos en cadena.que creo que podría interesarte. Se trata de que los oyentes envían un microrelato (100 palabras) y cada semana seleccionan uno, cuya frase final deberá ser como empiecen los relatos de la semana siguiente. He participado varias veces (sin suerte) porque también soy muy aficionada a leer y escribo cosillas. Pero tu tienes todas las de ganar!!! El premio son 6.000 € pero solo por que lo lean en antena me parece genial. Te pego aquí el enlace al programa del jueves 11 pasado:

        Bueno, se supone que podrás oirlo ( no se, no se)

        Si no, te pego el enlace a la página de la Ser donde está el audio:

        http://www.cadenaser.com/actualidad/audios/relatos-cadena-ventana/csrcsrpor/20121011csrcsr_12/Aes/

        Un beso

  11. Hola Sara, he contestado a tu comentario directamente a tu dirección de correo. Un beso,

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